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Nuestra Esperanza

 | por Iglesia Lakewood

Friday, April 26, 2019
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"Aquel que creíamos era el Mesías prometido ha muerto. Ya lo sepultaron." Con estas palabras, toda la ilusión, los planes y la esperanza, de los seguidores de Jesús también murió. Todos se preguntaban: ¿Y ahora, qué sigue?

Es un pregunta que muchos también nos hemos preguntado. Cuando algún plan, sueño, actividad no ha tomado el rumbo ni ha dado los resultados por los que planeamos ni que hubiéramos deseado. La vida muchas veces no sucede como nos imaginamos y esto nos provoca esta misma clase de desilusión, tristeza y duda que vemos en el narrativo de la muerte de Jesús en los evangelios.

Las mujeres que llegaron a la tumba para ungir el cuerpo de Jesús iban tristes y confundidas. Mateo las describe esa mañana en la tumba cuando llegan ellas con un plan de despedir y llorar la muerte de su Mesías, pero Dios tenía otros planes para ellas. ¡Iban a ser testigos de el evento más transcendente de la historia! Las profecías que durante cientos de años se habían estudiado, esperado y anhelado ahora las estaban viendo cumplirse ante sus propios ojos. En el capítulo 28 leemos: El ángel dijo a las mujeres:

—No tengan miedo; sé que ustedes buscan a Jesús, el que fue crucificado.  No está aquí, pues ha resucitado, tal como dijo. Vengan a ver el lugar donde lo pusieron. Luego vayan pronto a decirles a sus discípulos: "Él se ha levantado de entre los muertos y va delante de ustedes a Galilea. Allí lo verán". Ahora ya lo saben. (Mateo 28:5-7)

Al recibir el mensaje, la vida de estas mujeres cambiaron para siempre y reciben una comisión que se sigue cumpliendo hasta el día de hoy: vayan a decir lo que han visto. De igual manera, cuando nosotros oímos y creemos el mensaje de Jesús, recibimos la misma comisión. Nuestra vida ya no puede ser la misma, el pasado ya no puede regirnos, Jesús nos apunta hacia Su resurrección, a esa nueva vida y nuevo futuro que Él nos regala. Esa esperanza provoca que lo que estaba muerto cobre vida nuevamente.


Los discípulos, al sentirse desesperanzados y con la incertidumbre al ver una tumba vacía prefirieron dudar y regresar al pasado, pero Jesús aparece y les recuerda que era necesario que Él padeciera y después resucitaría al tercer día. Es por la resurrección que 2,000 años después podemos decir: ¡Nuestra esperanza vive!

Sólo en la Palabra de Dios encontramos tal esperanza, perdón de pecados, libertad de adicciones y un futuro brillante lleno de las promesas que Dios nos da. Y al ver esa tumba vacía sabemos que cada una de ellas se cumplirá, así como se cumplieron las de Su vendida, muerte y resurrección. Todo en esta vida pasará, gobiernos, modas, pero Su Palabra permanece para siempre y por esta razón, ¡nuestra esperanza permanece para siempre!

Con esta esperanza viva en el corazón, compartiremos con seguridad las buenas noticias de Jesús a un mundo en donde la esperanza de muchos ha muerto.

 

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