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De una religión a una fe viva

 | por Iglesia Lakewood

Wednesday, September 19, 2018
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Desde niños hemos escuchado la importancia de ser buenos, de portarnos bien y de vivir conforme a las reglas. Todo esto, sin duda, es importante y la base de la buena adaptación a la sociedad. Aún más, si lo llevamos a la fe cristiana, también allí tenemos una serie de reglas comúnmente conocidas como los "Diez Mandamientos". Sabemos que no debemos matar, ni robar, ni mentir, ni codiciar lo que no es nuestro y procuramos cumplirlo todo al pie de la letra. Comenzamos a actuar de una manera mecánica, pues sabemos que sí cumplimos con la "Ley", entonces seremos buenos cristianos. Aún más, podríamos felicitarnos y sentirnos orgullosos, pues definitivamente Dios estará complacido con nosotros.

Sin embargo, tal vez no debamos ser tan rápidos en clasificarnos a nosotros mismos como "Cristianos Ejemplares", después de todo, Jesucristo no vino a este mundo para asegurarse de que tuviéramos una buena religión. El más bien, nos aclaró que el estándar para cumplir con esas reglas es mucho más alto de lo que pensábamos. Se trata de un cumplimiento que no es cosmético, sino más bien profundo e interno, se trata del corazón. El resumen es simple, y se encuentra en los dos primeros mandamientos. En esos mandamientos que usualmente tendemos a obviar: "Amarás a Dios sobre todas las cosas, y a tu prójimo como a ti mismo". Amar a Dios sobre todas las cosas no es tarea sencilla, por el contrario, de ese amor surge un estilo de vida que honra a Dios en todas las esferas.

Cuando ocurre un cambio en el corazón, se pasa de una vida religiosa a una vida de adoración. Entendiendo que, adoramos a Dios, no sólo cuando le cantamos canciones de amor sino cuando nos comportamos como si realmente lo amaramos. Es así, como se deja de vivir para cumplir con las reglas, y se pasa a tener una fe viva, una fe que proclama la verdad del evangelio a los cuatro vientos. Es tan obvio cuando alguien camina en esa fe, que no requiere aún de palabras para predicar el evangelio. La persona se convierte en un libro abierto, cuya conducta hace que otros deseen acercarse a Dios.

Hoy tenemos la oportunidad de revisar, no solo nuestras acciones, sino nuestro corazón. Mirar de cerca cuales son nuestras reacciones, pensamientos, forma de hablar… estas son algunas pistas que nos harán saber si estamos viviendo una religión o una fe viva. Sea cual sea el diagnóstico, o la conclusión a la que lleguemos, lo más importante es que no tenemos por qué conformarnos con menos. Dios está allí para nosotros, a una oración de distancia.

¡Ánimo! Vivir una fe viva está al alcance de la mano de todos nosotros.    

 

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