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Bendita Misericordia

 | por Danilo Montero

Sunday, July 15, 2018
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Todos hemos cometido errores en algún momento de nuestra vida. Sentir esa culpa y tristeza porque sabes que mereces recibir las consecuencias de tus acciones es miserable. Sin embargo, todo eso cambia en el instante de recibir lo que quizá no merecías: misericordia. La misericordia es no recibimos las consecuencias de lo que nuestras acciones quizá merezcan. Cada persona que ha sido recipiente de misericordia, conoce la alegría que produce ésta.

Ahora, ¿qué sucede cuando se nos pide también mostrar misericordia? Mateo nos relata una historia que ilustra muy bien este dilema. En el capítulo 18 leemos sobre dos deudores y como el que debía muchísimo dinero a su señor, sin merecerlo, recibe un perdón de la deuda, experimenta la misericordia. En cambio cuando éste sale y se topa con alguien que le debe una cantidad mínima de dinero, no le brinda la misma misericordia que había recibido. Se nos enseña con claridad lo que piensa Dios de este caso cuando dice, en boca del señor rico: ¿No debías tú también tener misericordia de tu consiervo, como yo tuve misericordia de ti?

¿Qué harías tú? Nuestro mejor referente es Dios pues es lento para la ira y grande en amor y fidelidad. Él es un Dios de amor, de perdón y de misericordia. Siempre muestra misericordia a aquel que la pide. Al identificarte con un Dios infinitamente misericordioso te hace ver la realidad de que has sido recipiente también de Su misericordia.

De esa manera, cuando alguien llega a ti, pidiendo una muestra de misericordia, nos preguntaremos: ¿qué hubiese sido de mí si Su amor no me huberia alcanzado, si no me hubera mostrado Su misericordia? Cuando eres cosciente de que has sido recipiente de el maravilloso regalo de la misericordia, eso se vuelve una fuente de misericordia en ti que puedes otorgar a la persona que te la pida.

Dicho sencillamente: debemos dar de lo que hemos recibido. Jesús sigue diciendo en Mateo que así como tratamos a los demás será como seremos tratados por Él. Todos hemos necesitado que se nos mostrara misericordia, y de la misma manera debemos mostrar misericordia. Y de esta manera obtienes misericordia: poniéndote en los zapatos de otra persona. Identificarte con alguien es misericordia. Es sencillamente ser empático.

Hagamos de la misericordia una práctica diaria en nuestro caminar cristiano.

Todos hemos cometido errores en algún momento de nuestra vida. Sentir esa culpa y tristeza porque sabes que mereces recibir las consecuencias de tus acciones es miserable. Sin embargo, todo eso cambia en el instante de recibir lo que quizá no merecías: misericordia. La misericordia es no recibimos las consecuencias de lo que nuestras acciones quizá merezcan. Cada persona que ha sido recipiente de misericordia, conoce la alegría que produce ésta.

Ahora, ¿qué sucede cuando se nos pide también mostrar misericordia? Mateo nos relata una historia que ilustra muy bien este dilema. En el capítulo 18 leemos sobre dos deudores y como el que debía muchísimo dinero a su señor, sin merecerlo, recibe un perdón de la deuda, experimenta la misericordia. En cambio cuando éste sale y se topa con alguien que le debe una cantidad mínima de dinero, no le brinda la misma misericordia que había recibido. Se nos enseña con claridad lo que piensa Dios de este caso cuando dice, en boca del señor rico: ¿No debías tú también tener misericordia de tu consiervo, como yo tuve misericordia de ti?

¿Qué harías tú? Nuestro mejor referente es Dios pues es lento para la ira y grande en amor y fidelidad. Él es un Dios de amor, de perdón y de misericordia. Siempre muestra misericordia a aquel que la pide. Al identificarte con un Dios infinitamente misericordioso te hace ver la realidad de que has sido recipiente también de Su misericordia.

De esa manera, cuando alguien llega a ti, pidiendo una muestra de misericordia, nos preguntaremos: ¿qué hubiese sido de mí si Su amor no me huberia alcanzado, si no me hubera mostrado Su misericordia? Cuando eres cosciente de que has sido recipiente de el maravilloso regalo de la misericordia, eso se vuelve una fuente de misericordia en ti que puedes otorgar a la persona que te la pida.

Dicho sencillamente: debemos dar de lo que hemos recibido. Jesús sigue diciendo en Mateo que así como tratamos a los demás será como seremos tratados por Él. Todos hemos necesitado que se nos mostrara misericordia, y de la misma manera debemos mostrar misericordia. Y de esta manera obtienes misericordia: poniéndote en los zapatos de otra persona. Identificarte con alguien es misericordia. Es sencillamente ser empático.

 

Hagamos de la misericordia una práctica diaria en nuestro caminar cristiano.

 

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